Si bien Camille y
Jean son los elementos que tras el lente del autor protagonizan esta
figuración, a mi parecer el cielo es quién tiene el verdadero papel principal.
Sin estas nubes la suavidad del pincel no cobra sentido y más allá, la
sombrilla sería meramente un artefacto a medio usar, por no decir a medio
estorbar y mucho menos por no debatir el existencialismo entre un parasol o un
paraguas. Una mujer con sombrilla no se puede entender sino tiene su mano
empuñada con una y por ende, un hombre sin buen genio no va poder entender a
una mujer sin sombrilla, resultado que deja al pequeño Jean sin padres, chaotique. Es por eso, que la sombrilla,
verde y no roja pertenece a la extensión del brazo de Camille. El niño por su
parte, distraído piensa en los tantos bichillos que se mezclan entre las
hierbas, los crisantemos y las azaleas, de cuando en cuando se sorprende por
los grillos saltando y las hormigas subiendo por su pantorrilla. El fotógrafo
con su caballete se fascina por Camille, quién hace algunas horas estaba en el
sofá tomando té, naturalmente con la sombrilla en su mano. Antes de partir de
su casa al campo, escribió una carta para su otra mano: La magia de la lluvia
evaporada te espera.
![]() |
| La Promenade - Claude Monet |

No hay comentarios:
Publicar un comentario