viernes, 22 de septiembre de 2017

Memorias de autobús

I
 
La vida se basa en anhelar. Pero ¿qué es un anhelo? ¿Anhelas el amor? Amas por favor. Deberíamos amar. Anhelar y amar. En todo momento. Anhelar tu vida, qué es la semilla del árbol. Amar la naturaleza, qué es el reflejo tuyo. Anhélate. Ámate. A vos Madre Tierra. Dos raíces entrecruzadas. Nuestros caminos mezclados. Allí entre las hojas secas. Entre la lluvia y el viento. Cayendo lentamente de la alta copa. Cayendo sobre el suelo que cobija tu cuerpo. En el terciopelo, en la noche eterna. Y el día que sigue vivo del sol.

II

Ser un equilibrio de luces, de movimientos. Del imperfecto. Ver el tiempo. Estar detrás de la metáfora. Implícita-Insólita. Como la vida en el papel. En viejas fotografías. En los rollos sin revelar. Ser un equilibrio del espíritu, del cuerpo. De lo incierto. Ver la noche. Descubrir un color por primera vez. Azulado o Azuloso. Como el cielo en los labios. En viejas sonrisas. En los últimos días.

III

Tu vida se basa en posesiones, en comprar, en consumir, en ser un artículo. En ofrecer y demandar. En trabajar odiando tu trabajo. En vender tu tiempo, en los dólares pasajeros, en los baratos colones, en el sueño americano, en satisfacer los deseos y placeres más humanos. En caminar siendo un número más.

En un estado relativo para relativos estados. Todo depende de la visión y del clima, de las calles con pocos o muchos autos, de la cantidad de veces que desbloqueas el teléfono para ver el Facebook, de andar por ahí botando humo, de la cantidad de veces que digo "mae" inconscientemente. De no saber si comer mierda o abrir el atún, de andar callado escuchando a la gente hablar hasta por los codos, todo depende de si llego tarde y qué tan tarde, depende de la decisión trivial que es amar y la acumulación de tiempo que al final irónicamente sobra, depende del semicírculo y su ángulo de proyección. Es tan relativo que no dependen de nada, tanto así que el contexto es abierto, como cerrado y fácil como difícil. Todo es relativo y no y depende o no de ser un observador sin ojos. Y es que es fácil detenerse, observar e ignorar. (Me incluyo como todos).

Dos ramas largas, dos piernas afeitadas, dos labios y un cigarro. Del bosque al cemento. Vamos a caminar y cambiar la ciudad. Una vez quise comparar la cantidad de chicles pegados en las aceras con las palabras de política que vienen y van, al final me di cuenta que es casi la misma basura, como la cantidad de chingas de cigarros en los caños o las bolsas plásticas de doble moral que regalan en todos lados.

Dos hojas secas, dos manos llenas, dos pulmones abiertos y un cementazo.
¡Vaya conceptualismo! Eh, digo capitalismo. El arte sonoro de un mosaico de semáforos y cajas registradoras en la Av. Central.


Dos orejas cortadas, dos pollos fritos, dos frutas malas y un convicto.
Los ''compitas'' de la Zona Roja. Los cartones que simulan ser camas, las pachas de Cacique y Montano que sin ligue son la diaria cena, la tierra bajo sus lenguas y esa cirrosis que el Doctor me regaña por decirle panza inflada.


Dos zapatos botados, dos guantes sucios, dos lentes de sol y una cosa más. San José es bipolar. Tiene problemas para dormir y una doble personalidad de día y noche a partir de las 6.
Y yo estoy aquí sin querer saber hacia dónde ir.

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