Solitarias calles en junio y julio,
y las paredes llorando mis lamentos.
Sin treguas,
como un perro trayendo el hueso.
Bailes sutiles,
huellas marcadas.
Sucias miradas,
malditas llamadas.
Reconozco mis latidos,
el propio palpito que estalla en el cielo.
Insatifescho, sospecho, del esqueleto en el techo
por más secreto que sea el contrahecho,
aprovecho el derecho y decreto como sujeto de respeto
mi pertrecho, objeto, estrecho, prieto.
Un alfabeto, inquieto.
Tus libretos y bocetos
Discretos, obsoletos.
Directo al metro sin boleto.
Te prometo un soneto,
en el cafetto.
Que meto sin aprietos,
mis pensamientos,
concretos,
maltrechos, escuetos.
Tal cual un feto,
mi nieto,
incompleto,
Repleto de pechos.
Los berberechos,
cubierto por helechos,
pertrechos,
que se pierden entre los planfetos
que aprieto y suelto,
Desecho.
Casi muerto.
Bailes sutiles,
huellas marcadas.
Sucias miradas,
malditas llamadas.
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