jueves, 19 de abril de 2018

Se llama poesía

Se llama poesía, a la honestidad de las palabras plasmadas en una servilleta, cuando solo tenés un mediático bolígrafo y los versos te hacen nadar en el mar de posibilidades y la casualidad de esta cosa sin elegir que terminó siendo el futuro / alias / destino.

Se llama poesía, al grito de libertad que enaltece el espíritu y el pan con sabor a tinta y cereal y el vino que mancha la hoja en blanco de la vida.


Se llama poesía, cuando el día quiere suicidarse y el alma pobre se nutre de tristeza y desamor por lo que solía ser tu pasión.


Se llama poesía, al contenido latente que vive en el envase humano y figura la acción vibrante de amar.


Se llama poesía, a la nostalgia de los parques sin bailes, a los bares sin compañía, a la mala bebida, el canino ser que te espera en la puerta de entrada para llevarte a casa.


Se llama poesía, cuando el olvido te duele y la cicatriz te quema. Cuando el marido de la Mozuela del río viene a visitarme con el whisky y la soda bajo el brazo. Cuando García Lorca escribe en un papel.


Se llama poesía, a la alabanza y bendición del cáliz crudo de domingo y el cuerpo de los credos por vos. Se llama poesía cuando mi religión es tu amor.


Se llama poesía, cuando el agua cae sobre tu rostro, y las gotas forman tu sexo. Cuando el mar te pone los pétalos y las rosas los versos.

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