Larga vida al sol, que es el escudo del
filósofo heliocentrista, del comensal recién llegado a la última cena. De un
sonoro eco sabor a fuego. ¡Cinestesia para Rimbaud! Larga vida al sol, que
brilla y deslumbra los cuerpos desnudos de esos; tus árboles secos, que
refracta el agua del arco iris en plena lucidez térmica; larga vida al Sol que
es la vitalidad del arquitecto, el centro electromagnético y la voz del cielo.
Larga vida al Sol, que es símbolo de libertad. Larga vida al sol, que es el
hijo del viento y del calor. Recuerdo a la radio, la gravedad, el alquiler
barato, a Nerón quemando las ciudades, los circos y los pobres romanos también,
clásico romanticismo de un chiste negro, es el mismo humor que el incendio de
Alejandría. Es la locura del Sol, el delirante plasma entre las manos. Larga
vida al Sol, que levita sobre las cabezas. O más bien es una cabeza sobre el
cuerpo de la Tierra. Su luz en 8 minutos toca el Abril tus pechos y la sombra
de las palabras. Vaya idealista y quijotesco amor. Un zoom de día y bang
de noche, tan modulante como la historia de los ojos de agua y las risas de
terremoto. Es la locura del Sol. El Fototropismo humano.
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