Era una humana como
cualquier otra, era una loca como cualquier otra, ¿Por qué la encierran? - Se
preguntó. En su mente flotaban pensamientos que revolucionaban la historia.
Eran casi la visión de un futuro que es deseado oír. Una idea se concreta en sus adentros, frustrada por su
encierro, gritando con desespero, anhelando poder huir.
Los días de su vida
se hallaban marcados por un reloj de cuerda floja. En sus ojos el reflejo de lo
que solía ser una humana, una pregunta y una respuesta del mundo actual. La
humedad en su piel provoca refugio, el calor del sol era una ligera memoria.
-¡¿Quién fui?!-gritó, - ¡Quién seré!- murmuró, - ¿Quién soy?- susurró.
Quitó su rostro del cielo, y una gota
descendió de las nubes cómo respuesta, posándose perfecta sobre la hoja de un
helecho, delicado,
lento y vivo el momento, tocó el metal de la habitación, era frío como su
corazón. Entre el plan de escape y la incógnita del existir su cuerpo se
oxidaba, sin embargo quería saber de Helena, ¿era ella? ¿Fue ella? ¿Es ella? ¿Será
ella?
¿QUIÉN SOS HELENA? -
Gritó en penumbra
Imágenes exhaustivas la bombardean, el dolor aumentaba, rompiendo la barrera entre el dolor mental y el físico. Poco a poco su cuerpo se enrolla en posición fetal, cómo quién busca el consuelo dentro de una madre; pero su único arrullo lo encontró al ser envuelta entre un viento frío y hostil. –Helena- pronunciaron sus labios por voluntad propia - Mi querida Helena-.
Consumida en locura
y desgracia, su mirada se perdía entre las grietas del ladrillo. Tácito, como
el recuerdo latente del ayer, intentaba imaginar a Helena. Una niña de rostro
puro y pleno, pero por alguna razón sin sombra. Daba igual ver Ángeles sin un halo
dorado.
Al lado del recuerdo, venían la imagen de la
casa, un amanecer en fuga y la risa de sus hermanos. De repente un estruendo sonó y la puerta se abrió, la
luz la cegó momentáneamente y una voz de gravedad le habló y dijo:
-Se ha muerto, se
fugó, se lo trago el cielo sin pedir perdón-. Se fue la luz, se fue la voz, y
empezó a sentir una breve agitación de pecho que sutilmente fue avanzando por
su cuerpo, FUERTE y casi ensordecedor se volvía cada inhalación, hasta elevar
su memoria a una vieja imagen, donde el viento hacía música al rozar las hojas
de un higuerón, jugando con su piel y sus cabellos. Pero la imagen se volvió
negra, se volvió ceniza. --Fuego--- Gritó a todo pulmón- Se ha muerto Helena,
me he muerto yo.
Cayó al suelo, el retumbó la dejo perpleja en coherencia, una vez más sentía parálisis motora. Sus músculos estaban rígidos y los ojos secos y un hilo de sangre resbalaba por su mejilla, casi metafórico, un último pensamiento la invadió. Quería decirlo y vociferar más alto que antes. El helio del ambiente la oprimían, su lengua estaba clavada al paladar y su Helena clavada al final.
Recordó el pasado sin cerrar los ojos: "Voces, coches, libros, letras, casas, hipotecas, dinero, traición, El sol". Su momento de lucidez, la sedujo, la atrajo, la agarró, la golpeó, la asesinó.
Nombre del paciente: Helena Vázquez.
Edad: 24 años.
Síntomas: ataques de
demencia, epilepsias y convulsiones, doble personalidad.
Cuadro clínico: esquizofrenia y depresión crónica antes del internado.
Refiere dolor de pecho, taquicardia y dificultad para respirar.
Cuadro clínico: esquizofrenia y depresión crónica antes del internado.
Refiere dolor de pecho, taquicardia y dificultad para respirar.
Diagnóstico:
Hipopotomonstrosesquipedaliofo bia.
Hora de muerte:
10.32pm.
Motivo de muerte: Desconocido.
Dos días después una
manada de médicos intentaba estúpidamente explicar la muerte de Helena, sin
embargo ni ella, ni ellos podrían hacerlo. Una mente en libertad guarda más
misterios que el universo. Helena me llenaban de alegría en las noches, su voz
tranquilizaba mi ser. Ojalá vengas a mí y me lleves a ti, no importa si es al
infierno, yo estaré a tus pies.
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